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MAESTR@S. ¡CAMBIEN LAS REGLAS!

hace 2 días
5 min de lectura

La inteligencia artificial llegó a las aulas y está cambiando la manera de estudiar, investigar y hacer tareas. Pero existe una forma sencilla de aprovecharla sin que los estudiantes dejen de pensar por sí mismos.

Imagina que eres maestro y recibes una tarea perfectamente redactada, con buena ortografía, argumentos ordenados y conclusiones impecables.

La primera pregunta que probablemente te haces es: ¿la escribió el alumno o la hizo ChatGPT?

Pero quizá deberíamos hacernos una pregunta más importante:

¿Qué aprendió realmente el estudiante al realizarla?

La inteligencia artificial está transformando la educación. Herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot permiten explicar conceptos, resumir información, resolver dudas y ayudar a organizar trabajos escolares.

El problema aparece cuando el alumno utiliza estas herramientas para sustituir su propio razonamiento.

Por eso, más que prohibirlas de manera general, vale la pena enseñar a utilizarlas con responsabilidad y establecer reglas claras sobre cuándo están permitidas.

El problema no es usar inteligencia artificial, sino dejar de pensar

Durante años, los estudiantes han utilizado calculadoras, buscadores de internet, correctores ortográficos y enciclopedias digitales.

Cada nueva herramienta ha provocado discusiones sobre sus beneficios y riesgos.

Con la inteligencia artificial sucede algo parecido, aunque existe una diferencia importante: ahora una herramienta puede generar una respuesta completa, aparentemente razonada, en cuestión de segundos.

Esto representa un desafío para los docentes.

Si solamente evaluamos el trabajo terminado, podemos perder de vista cómo llegó el alumno a esa respuesta.

Por eso, una alternativa práctica consiste en evaluar también el proceso de aprendizaje.

Y no necesitas instalar programas especiales ni convertirte en experto en tecnología para comenzar.

Las tres preguntas que puedes incluir en cualquier tarea

Propongo una dinámica muy sencilla.

Cuando permitas utilizar inteligencia artificial, pide que los estudiantes agreguen al final de sus trabajos un pequeño apartado llamado "Así utilicé la IA".

Solamente deben responder tres preguntas.

1. ¿Qué le preguntaste a la inteligencia artificial?

El alumno debe escribir una de las instrucciones que utilizó.

Por ejemplo:

"Explícame las principales causas de la Independencia de México con palabras sencillas y dame tres ejemplos."

Esto permite conocer cómo planteó su duda y qué tipo de ayuda solicitó.

También abre una oportunidad para enseñar algo importante: saber formular buenas preguntas es una habilidad que se puede desarrollar.

2. ¿Qué tuviste que corregir?

Esta pregunta puede ser todavía más valiosa.

La inteligencia artificial puede equivocarse, presentar datos incorrectos, inventar referencias o explicar de manera incompleta algún acontecimiento.

Pide al alumno que identifique al menos un dato que verificó, una explicación que mejoró o una parte que decidió cambiar.

Por ejemplo:

"ChatGPT mencionó una fecha que no coincidía con mi libro. La revisé y corregí la información."

Si no encontró errores, puede explicar qué fuentes consultó para comprobar la respuesta.

Así, el estudiante deja de aceptar automáticamente lo que aparece en pantalla.

3. ¿Qué parte hiciste tú?

Aquí está el punto central.

El alumno debe explicar cuál fue su aportación personal.

Puede ser una conclusión, un ejemplo, una comparación, una investigación adicional o una opinión argumentada.

Por ejemplo:

"La IA me ayudó a organizar las ideas, pero yo investigué las consecuencias del acontecimiento y escribí mi conclusión."

Esta pregunta ayuda a distinguir entre recibir información y construir conocimiento.

Una actividad que puedes aplicar mañana mismo

No necesitas modificar todo tu programa escolar.

Prueba esta dinámica con una sola tarea.

Actividad: Investiga, verifica y explica

Paso 1. Elige un tema relacionado con tu materia. Puede ser un acontecimiento histórico, un problema ambiental, un concepto matemático o una lectura.

Paso 2. Permite que los alumnos utilicen ChatGPT, Gemini u otra herramienta autorizada para comprender el tema.

Paso 3. Pide que contrasten al menos dos afirmaciones importantes con su libro de texto, materiales de clase o fuentes confiables.

Paso 4. Solicita una conclusión personal de cinco a diez líneas, escrita con sus propias palabras.

Paso 5. Al entregar la tarea, deberán responder las tres preguntas sobre su uso de inteligencia artificial.

Paso 6. Selecciona a algunos alumnos para explicar oralmente, en uno o dos minutos, qué aprendieron y qué modificaron de la respuesta inicial.

Con este ejercicio puedes observar si realmente comprendieron el contenido, en lugar de limitarte a revisar si entregaron un documento bien presentado.

¿Cómo evaluar una tarea realizada con ayuda de IA?

Una opción es cambiar ligeramente la forma de calificar.

En lugar de concentrar toda la evaluación en el producto final, puedes distribuir los puntos de la siguiente manera:

Criterio

Valor

Comprensión del tema

30%

Verificación de información

25%

Aportación y reflexión personal

25%

Explicación del uso de IA

20%

Total

100%

Esta rúbrica es un ejemplo adaptable a la edad, asignatura y objetivos de aprendizaje.

Lo importante es que los estudiantes sepan que no basta con entregar una respuesta correcta: también deben demostrar cómo la construyeron.

Cuatro reglas que conviene establecer desde el principio

Permitir inteligencia artificial no significa permitir cualquier uso.

Los maestros pueden establecer acuerdos sencillos y comprensibles:

Primera regla: declarar cuándo se utilizó. El estudiante debe identificar qué herramienta empleó y para qué.

Segunda regla: verificar la información. Ninguna respuesta generada por IA debe considerarse correcta únicamente porque está bien redactada.

Tercera regla: proteger los datos personales. No se deben introducir nombres completos de compañeros, información privada, fotografías o documentos sensibles en herramientas no autorizadas.

Cuarta regla: respetar las actividades individuales. Habrá ejercicios, exámenes y trabajos en los que la IA no esté permitida porque el objetivo sea evaluar habilidades propias.

Además, es importante considerar las políticas de cada escuela, las edades mínimas de las plataformas y las condiciones de acceso de los estudiantes. No todos cuentan con los mismos dispositivos o conexión a internet.

Un error que los maestros deberían evitar

Ante la sospecha de que una tarea fue generada por inteligencia artificial, algunos docentes recurren a programas que prometen detectar textos escritos por ChatGPT.

El problema es que estas herramientas pueden equivocarse y señalar como artificial un texto escrito por una persona.

Por eso, sus resultados no deberían utilizarse como prueba definitiva para sancionar a un estudiante.

Es más útil pedir que explique su trabajo, presente sus fuentes, muestre borradores o resuelva una actividad relacionada sin ayuda.

La mejor evidencia de aprendizaje no siempre está en el documento entregado, sino en la capacidad del alumno para explicar lo que hizo.

La inteligencia artificial también puede ayudar al maestro

Esta nueva realidad no solamente representa una responsabilidad para los estudiantes.

Los docentes también pueden aprovecharla.

Por ejemplo, pueden pedirle a una herramienta de IA:

  • "Diseña cinco preguntas para comprobar si mis alumnos comprendieron este texto".

  • "Propón una actividad de 15 minutos para explicar las fracciones a estudiantes de primaria".

  • "Dame tres maneras distintas de explicar el cambio climático según el nivel de conocimientos del grupo".

  • "Ayúdame a crear una rúbrica para evaluar pensamiento crítico y argumentación".

Después, el maestro revisa, corrige y adapta las propuestas a las necesidades reales de su grupo.

La herramienta puede ahorrar tiempo de preparación, pero el criterio pedagógico sigue siendo responsabilidad del docente.

La educación necesita enseñar a preguntar, no solamente a responder

La inteligencia artificial puede producir textos, resolver operaciones y explicar temas complejos.

Pero aprender implica mucho más que obtener respuestas.

Implica comprender, comparar, cuestionar, verificar, argumentar y desarrollar ideas propias.

Si un estudiante aprende a utilizar la inteligencia artificial para fortalecer esas habilidades, la tecnología puede convertirse en una aliada educativa.

En cambio, si solamente aprende a copiar lo que genera una aplicación, estaremos confundiendo la entrega de una tarea con el aprendizaje.

Por eso, la próxima vez que recibas un trabajo demasiado perfecto, quizá no necesites comenzar preguntando si lo hizo ChatGPT.

Prueba con tres preguntas:

¿Qué le preguntaste? ¿Qué corregiste? ¿Qué hiciste tú?

Las respuestas pueden decirte mucho más sobre lo que aprendió tu alumno.

Porque TODO COMUNICA.

Y enseñar a utilizar una nueva herramienta también es enseñar responsabilidad, pensamiento crítico y autonomía.


Oliver Olea

Más artículos sobre comunicación, inteligencia artificial y nuevas tecnologías en oliverolea.com.



 
 
 

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